lunes, 24 de agosto de 2009
domingo, 3 de mayo de 2009
Pobre Lorens
- Lorens, ¿Como puede un teniente de Húsares, permitir que nadie se burle de él?.
- Sobre todo un grupo de tristes pacatos que no tienen sal para el desayuno. No puedo olvidar la imagen de aquella muchacha rubia.
- Eres un soñador, pobre Lorens.
- Yo no quiero ser un soñador, quiero ser como tú. Olvidaré para siempre lo que ocurrió en la costa oeste, desde este momento miraré únicamente hacia delante, me concentraré en mi carrera, y algún día, te lo prometo, seré una figura brillante en el gran mundo.
lunes, 24 de noviembre de 2008
El Albatros.

A menudo, por divertirse, los marineros
cazan albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de ruta,
al navío que se desliza por los amargos abismos.
***
*** Este alado viajero qué torpe y débil es!
¡Hace poco tan bello, qué cómico y qué feo!
Uno le provoca golpeandole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al desgraciado que volaba.
***
que vence la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en la tierra en medio de abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
martes, 11 de noviembre de 2008

domingo, 12 de octubre de 2008
Políticamente sospechosa
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jueves, 22 de mayo de 2008
"España matará a los gibraltareños incontrolados”

“Los habitantes de Gibraltar, los 2500 habitantes que habitan en la parte alta del peñón, corren peligro. Se están acercando tanto a la población española y están creando semejante sensación de inseguridad entre los vecinos y los turistas en la zona de Sotogrande y Estepona que el gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido actuar con mano de hierro. Sacrificará, eso si, como “último recurso”, a la miríada de "llanitos" que asustan a los vecinos. “ Se han producido mordeduras, robos de objetos, comida y lanzamiento de basura por parte de este grupo incontrolado”, aseguran fuentes próximas a la Junta de Andalucía. Los gobiernos, Gibraltareño, del Reino Unido y la O.N.U amenazan con sanciones a España.
“Detrás de su decisión existe un programa de exterminio sin ningún control en beneficio de intereses nacionalistas”, aseguró el jefe de Gobierno de Gibraltar, sir Joshua Hassan. “Sacrificarles es lo último que queremos. Se baraja su traslado a campos de concentración”, declaró por el contrario el gobierno español. Fuentes del Ejecutivo Andaluz afirman que “lo más difícil será la captura del grupo de incontrolados”.
Durante décadas, el Gobierno británico se encargó del cuidado de los habitantes de la roca y de controlar su población. Pero la especulación urbanística en la Costa del Sol y el alza de la libra contribuyeron en 1990 a una superpoblación de “Llanitos”, a su vez alimentados por el creciente turismo de Gibraltar. Fue entonces cuando con cierta periodicidad, el Gobierno se planteó establecer un control de natalidad. Llegó incluso a administrar píldoras anticonceptivas a algunos habitantes. Ahora, el ministro de exteriores español ha anunciado una medida similar ante los destrozos causados por algunos de estos Gibraltareños en instalaciones hoteleras de las zonas en las que intentan adquirir comida extra.
“hay que parar el daño que están haciendo a propiedades privadas y a personas”, dijo. “Los niños están asustados y la gente no puede dejar las ventanas abiertas por miedo a que se cuelen”. Todo esto no justifica, según la O.N.U, el exterminio.”
Título original: “Gibraltar matará a los macacos incontrolados” articulo publicado en el semanario El País, sábado 17 de mayo 2008 transcrito en su totalidad a excepción de visibles variaciones.
domingo, 22 de abril de 2007
Nuevas religiones
"Como hombre solitario que soy me encuentro, a veces, no sé por qué conspiración de la fatalidad, dejando escapar el tiempo sentado en el banco de alguna plaza o centro comercial bajo el simple pretexto de observar a los que me rodean. Acompañado de tantos me parece no estar tan solo y por momentos me disuelvo en esa humanidad de la que pretendo huir; tan admirado como estoy en cada momento de muchas vidas, cada pequeño instante de alguien, que de seguro, jamás volveré a ver. No hará mucho que deambulaba pensativo por uno de estos centros comerciales, tan ampuloso como estas líneas; enorme edificación, rutilante hormiguero donde reunidos a cientos se deleitan mis congéneres con todo tipo de trivialidades a los que ellos dan mucha importancia. Qué paisaje más extraño, me dije a mi mismo, mientras caminaba por aquel decorado observando atónito la aséptica perfección del mármol, el yeso y el hormigón armado; la pulcritud elástica de los plásticos, metales y fibras: entorno adulterado mucho más deseado que cualquier manifestación natural.
¡Qué es un paisaje enramado de olorosas flores donde se albergan los trinos de las más graciosas avecillas si no hay cafetería, aire acondicionado, ni MacDonalds!. Todas las delicias de este mundo se encuentran, pues, por un módico precio, unas frente a otras, en estos paraísos terrenales de fin de semana. Los nuevos templos donde una miríada de adeptos, para matar el tedio y otros tipos de aburrimiento, van a reverenciar el género de sus insignes reliquias.
Sobrecogido como estaba por tanta afluencia, yo, sobrio practicante de esta religión, yo, que creía que el hombre no es animal social, decidí sentarme en un banco, al amparo del anonimato, cosa fácil por lo escuálido de mi figura; y opté por que mis ojos tomasen vida propia y subversivos se entretuviesen de aquí allá: nada, pues, parecía escapar a mi animada curiosidad.
Por allí iba uno con el pelo engominado, los andares sueltos, como el que se pasea por su casa en pantuflas, la expresión vacua, el porte satisfecho del hombre que cree tenerlo todo en la vida, mujer e hijos incluidos (bienes inmuebles que corretean de aquí para allá sin parar mientes en nada) regalando gustosamente su parco jornal en esas tiendas de naderías. Más allá se paseaba otra echa un figurín, una adolescente de treinta años con sus vaqueros ajustados, toda su persona un anuncio ambulante de diversas marcas textiles, ensimismada en una conversación sobre el último Narciso de la televisión, ante su rostro palidecería la paleta del Veronés, difícil de imaginar sin su móvil en la mano. (Fabuloso artefacto tan útil para unos como importuno es para otros; no puedo dejar de preguntarme que sería de los hombres sin su invención y que fue de aquellos desdichados que jamás lo conocieron.)
La juventud alborotada con el corazón henchido de deseos materiales a falta de ideales y el cuerpo cubierto de alhajas y otras bagatelas muy costosas, se deleita frente a los escaparates suspirando por un par de zapatillas y envidiando al afortunado que ya las calza. He aquí el culmen de la elegancia, el máximo grado de refinamiento y prestigio. Algunos de estos mozos dejarán de seguro sus estudios para procurarse un trabajo que les procure, a su vez, las deportivas, amén de una motocicleta con la que pasearse fatuos por las calles como hacían antaño los dandis por las Tullerías.
Un par de ancianas, en su particular tour de establecimiento en establecimiento, se recreaban en contemplar, tocar y sorprenderse ante las últimas creaciones del ingenio humano, así disfrutan matando la tarde como quien pasea por un museo. Un poco más de lo mismo por allí y otro tanto más por allá; en fin, pasaban por mi lado en tropel, como ganado lanar; esquilados todos por el mismo sastre.
